Educar en las virtudes

La virtud es el orden del amor” 


San Agustín

Lo admirable que tienen las virtudes es que,

después de practicarlas, llenan el alma de dulzura

y suavidad sin igual.


San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota, V, 11.



La educación integral de nuestros alumnos busca promover en ellos aquellos hábitos, habilidades y actitudes que les permitan obrar bien en cualquier circunstancia, siendo conscientes y con voluntad propia.

Estos hábitos positivos dan madurez al niño haciéndole crecer en virtudes y valores humanos. Por tanto, la adquisición de las virtudes va configurando su personalidad, llenándole de alegría y felicidad. 


Hay muchas definiciones de “virtud”. San Agustín hace una definición preciosa: “La virtud es el orden del amor”. 

¿Qué diferencia podemos encontrar entre valor y virtud?

El valor es una perfección interna, en cambio, las virtudes son valores que se van haciendo vida a través de la existencia de cada ser humano. Sin embargo, la virtud, al ser un hábito operativo bueno, como cualquier hábito, surge de la repetición de actos buenos iguales (Llergo, A., 2013).

Por tanto, las virtudes son hábitos operativos que se adquieren por la repetición de actos buenos y que tienen un sentido positivo en la existencia de cada persona.  


Desde las aulas, podemos pensar que son muchos los valores, hábitos, virtudes que tenemos que inculcar, y es verdad, pero debe haber un hilo conductor que armonice desde la más tierna infancia todos ellos, ya que cuando mejora uno influye en el resto, es decir, se desarrollan de manera interrelacionada e influyen en el niño de manera integral y completa, haciendo que mejore como persona, orientándola al bien, la verdad, la justicia y la belleza.  


Nosotros, en nuestro proyecto nos centraremos en las etapas de infantil y primaria, periodos muy importantes en la vida de nuestros alumnos. Siempre hemos pensado, que la familia es la primera y principal educadora en las virtudes ya que para su adquisición se necesita un entorno de amor y cariño incondicional, los hijos se ven queridos y acogidos por lo que son, no sólo por lo que hacen. Por eso, en un entorno amoroso, las virtudes se van adquiriendo a través de la convivencia cotidiana, del ejemplo de los padres y hermanos, donde aparece el perdón, el amor, la confianza básica, la autonomía…  En la escuela este ambiente, a veces, no es tan posible de darse, aunque se debe de intentar y trabajar. Por tanto, la familia y el colegio deben formar un equipo conjunto, en estrecha colaboración para llevar a buen término la madurez armónica y crecimiento en virtudes. El colegio también ha de proporcionar un clima basado en la justicia, en la sinceridad y en la preocupación por los demás.


Según J.A. Alcázar y F. Corominas: Existen unos valores nucleares en los que se debe incidir especialmente, que incluyen y resumen mucho otros.


El orden.

La sobriedad y la sinceridad.

El esfuerzo y trabajo.

El aprovechamiento del tiempo.

La generosidad y la justicia.

La obediencia, la solidaridad y el compañerismo.

La responsabilidad.

La alegría y el optimismo.



Estamos de acuerdo con estos autores que en estas etapas escolares hay una serie de virtudes fundamentales que constituyen puntos de referencia, que son: el orden, la templanza, la sobriedad y la sinceridad.


En los niños más pequeños (3-6 años) los hábitos buenos los van adquiriendo por imitación y repetición, de ahí que es muy importante el crear un buen ambiente escolar; el ejemplo de los adultos es muy importante.  El período sensitivo del orden se vive con la máxima intensidad en este periodo de edad. 


En primaria (6-12 años), los niños desarrollan una intensa actividad, es la edad ideal para la educación de las virtudes y valores. Se puede trabajar todo, es un tiempo estupendo para educar hábitos de estudio, de lectura, orden y de conducta que serán muy importantes para el crecimiento en sus etapas posteriores. Estos retos que les podemos proponer han de facilitarles la alegría a través del esfuerzo por hacer las cosas bien. 


Como resumen orientativo os proponemos el siguiente esquema que nos ayuda a integrar también las emociones: 


Adquisición de hábitos saludables. Educación en las virtudes como parte de la educación de las emociones. 


PRUDENCIA

Nos permite suscitar las emociones en el momento más adecuado, nos enseña a valorar las consecuencias de nuestros actos y nos ayuda a dirigir nuestros afectos hacia el bien-objetivo. 


JUSTICIA

Nos permite una respuesta emocional ajustada para dar a cada cual lo que se le debe, repara el daño causado por nuestras malas actitudes en los demás y nos lleva al respeto de las personas. Nos libera de las dependencias afectivas. 


TEMPLANZA

Requiere el entrenamiento en hábitos saludables como la obediencia y la petición humilde. Es la que nos permite el dominio de sí y el equilibrio neurológico para ordenar los placeres a su fin. 


FORTALEZA

Requiere parar y pensar y en momentos de debilidad y requiere un acompañamiento. Necesidad de una presentación nítida del fin-sentido. 


Dr. María Gomis Coloma, educación en la afectividad “Matrimonio y familia”







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Por eso es tan importante cultivar los ideales cristianos, que son los grandes ideales así suscitaremos la fortaleza"

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