Relaciones

fundamentales

Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios los creó, varón y mujer los creó.”


Génesis 1, 27

¿Cuáles son las relaciones que más influyen en la maduración de la masculinidad o feminidad de los niños?


La primera es la relación con Dios, al establecer una relación viviente y personal con el Dios vivo y verdadero, que es la fuente de la vida y del amor.



La segunda es la esponsalidad, el amor de sus padres, que afecta al niño decisivamente, para bien o para mal. Si sus padres se aman con amor de comunión o no, si se perdonan, si tienen gestos de cariño el uno con el otro…



La tercera es la paternidad/maternidad. Si su padre es reflejo del amor del Padre, si está presente y cercano o no, si se implica en la educación, si es guía, autoridad, ejemplo, verdad y justicia. La maternidad refleja el amor de misericordia de Dios. Es clave si este amor es incondicional, gratuito, libre. La filiación será la conciencia que tiene la persona de ser hijo y de honrar a sus padres.



La cuarta es la relación conmigo mismo, con mi corporalidad sexuada, con mi conciencia, con mis límites y dones. Si se vive desde el agradecimiento y la bendición, o desde la maldición y la queja.


La quinta, la fraternidad. Si hay hermanos y cooperamos juntos, si tenemos relaciones en el que el hermano o hermana no sea un rival.



La sexta es la solidaridad con aquellos más débiles que sufren (el abuelo, el hermano enfermo, discapacitado o pequeño…). Si nos ocupamos unos de otros o no.



La séptima, las relaciones de amistad, la experiencia de la comunión y la intimidad. «A vosotros os llamo amigos» (Jn 15, 15). Debería ser la familia el primer ámbito de socialización de la persona, lugar de encuentro.



Y la octava y última, la relación con la Creación de Dios, con la naturaleza, con el mundo que gime expectante (Rom 8, 19-23) hasta que todo sea recapitulado en Cristo.